Nota por Nora Possetti

Fernando Parrado es ex jugador de rugby, ex corredor de carreras de lanchas, autos y motos, empresario exitoso y conferencista. Fue uno de los dieciséis sobrevivientes de la “Tragedia de Los Andes” del 13 de octubre de 1972, pero sobre todo, fue quien decidió salvar a los sobrevivientes.

El 13 de octubre de 1972, un avión con 40 pasajeros y 5 tripulantes que conducía al equipo de rugby Old Christians, formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris, se estrelló en un risco de la Cordillera de Los Andes, en Mendoza, a 4400 metros de altura.

De las 45 personas que viajaban en el avión, 27 pasajeros quedaron con vida. Se enfrentaron a las más duras condiciones climáticas con temperaturas de -42°C. Sufrirían de innumerables lesiones, falta de calzado, ropa y alimentos. Solo sobrevivieron 16.

Uno de ellos es Fernando Seler Parrado, la persona que en la cima de Los Andes, con 23 años de edad, había emitido una frase, una sentencia, una orden universal:

“Si tengo que morir, que sea caminando”.

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Parrado habló de un cúmulo de errores de parte de la aerolínea, pero también, de una misma cantidad de coincidencias, destinos, casualidades, causalidades.

Relató la experiencia con su amigo íntimo, Panchito Abal, quien le pidió que se siente a su lado, era la fila 9 del avión. El avión se partió de la décima fila, de allí en adelante no hubieron sobrevivientes.

Minutos antes del impacto, nuevamente intervino en su vida Panchito y le pidió que lo deje ver por la ventanilla, que le parecía haber visto muy cerca las montañas. Fernando accedió, y la ventanilla se desintegró por el choque causándole, instantáneamente, la muerte a Pancho.

Parrado sufrió fractura de cráneo y estuvo 4 días sin recobrar el sentido. Lo dieron por muerto y lo sacaron a la intemperie. Reaccionó un instante antes de congelarse.

“Estaba seguro que no me habían pasado esas cosas solo para morir congelado en los Andes, yo sabìa que tenía que salir de allí”.

En ese momento pensó en su padre, en que tenía que decirle que estaba vivo. Confesó pensar que en esta vida que le había tocado vivir, había una hermosa mujer esperando para comenzar una familia.

“No soy un héroe, no quise ser un héroe, no quise ser el líder, ¿Quién quiere ser el líder de un grupo de amigos que se están muriendo, uno a uno, congelados en los Andes?”.

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Nos cachetea una verdad al decirnos que es la vida quien nos saca el héroe de adentro, es ella quien nos exige tomar decisiones extremas, en momentos extremos, por el solo hecho de que hay que hacerlo, sin más. No está escrito en ningún lado cómo ser héroe, no está escrito qué hacer en situaciones límites, lo haces y ya.

En una situación de experiencia de tal magnitud, inmediatamente hablamos del instinto de supervivencia. Pero éste hombre —que hoy tengo a metros mio— vuelve de su muerte anunciada, convencido que el cuerpo es solo cáscara, que su madre y su hermana muertas no están allí, o sí, pero no en ese envase.

¿Por obra de qué, o de quien, un joven de 23 años, en medio de la Cordillera de los Andes, se encontró distinguiendo perfectamente el alma del cuerpo? Este análisis les permitió reconocer y justificar que habían tenido que recurrir a la antropofagia para lograr sobrevivir.

“Me re descubrí en la montaña y no me conocí. Los líderes fueron naciendo a medida que la antorcha se pasaba de mano en mano, mientras iban muriendo… éramos un equipo”.

También relató la historia del capitán, Marcelo Pérez del Castillo, líder nato desde pequeños. Ése capitán del equipo de rugby desde el momento mismo del accidente organizó todo, cuando comer o cuando tomar agua, incluso fabricaba abrigos con papeles, asistía a los enfermos y enterraba a los muertos. Sin embargo lo peor no tardó en llegar.

“Nuestro capitán que tenía solamente 22 años, se dejó caer en cuclillas y no se levantó más, estaba muy débil, solo la esperanza lo mantenía vivo.”

Al ver como morían uno por uno Fernando se armó de valor e intentó buscar ayuda. Se puso dos pares más de medias y se fue corriendo del improvisado refugio en el fuselaje del avión. Corrió sin destino alguno.

“ — Te vas a morir, Nando, me dijeron.— Si me voy a morir, que sea caminado

En ese momento, reescribió la historia. La primera vez no tuvo suerte pero lo siguió intentando hasta tener éxito. Tenía que salir a buscar ayuda. Esperó el deshielo y luego de 72 días de supervivencia, el 12 de diciembre de 1972, Nando Parrado y Roberto Canessa partieron una vez mas en busca de auxilio. Durante 10 días caminaron 70 kilómetros, a una altura de 6000 metros sin rumbo fijo. Sin ropa ni calzado adecuado. Roberto, su compañero, no podía seguir más. El frió lo estaba congelando. Parrado se armó se valor, lo cargó en sus espaldas y siguió camino. No se iba a dar por vencido.

Finalmente, un arriero los vio a través de un río. Este les arrojó una pierda envuelta en un papel y un lápiz. Entonces Fernando le escribió:

“Hace 10 días que estamos caminando, mi compañero está herido, somos los del avión perdido, hay 14 más”.

Fernando Seler Parrado se dedicó a tener una vida, exitosa por cierto. Fue deportista, líder de seminarios e incluso presidente de varias empresas familiares. Actualmente utiliza su experiencia de supervivencia en un terreno hostil, para articular estrategias de liderazgos.

“Después de que volví a vivir pensé que tenía que hacer lo que más me gustaba. Me fui a correr autos, a Europa, conocí a mi esposa, con la que llevo 27 años de matrimonio, regrese a Montevideo y fundé dos empresas de televisión. Sin embargo,sabía que esa segunda oportunidad que me había dado la vida, debía significar algo. Debía buscar y reconocer mi misión”.

Volvió a la montaña once veces más, la última con su esposa y sus hijas. Ellas querían saber su origen, allí donde las gesto cuando pensó en su futuro, donde decretó que iba a ser feliz. En ese momento Parrado mostró a su familia la cumbre del pico, llamada Cero Seler, les dijo:

“Cuando crees que llegaste, cuando la cima se encuentra a solo 10 pasos, recién empezaste”.

Todos vimos en ése instante nuestras cimas, todos creemos siempre que estamos llegando y es solo el comienzo. Cada ser humano tiene su propia montaña, su propia Cordillera de los Andes, está en nosotros quedarnos relativamente tibios en el interior de un avión destruido, o salir al gélido clima de la cordillera y caminar… caminar siempre.

Nota por Nora Possetti

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Escrito por Nahuel Gentile

Lic. Periodismo. Director de Sociedad Café.

One comment

  1. Reblogueó esto en El blog de Emigdio Balbuenay comentado:
    La historia, bastante conocida de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes, se ha convertido en una clase de liderazgo , supervivencia y como de las peores crisis surgen oportunidades. Considero muy importante rebloguear esta nota escrita por Nora Possetti, sobre la historia contada por Fernando Parrado, uno de los sobrevivientes, quien literalmente expresa que volvió a nacer despues del trágico accidente.

    Me gusta

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